A pesar de las condiciones climáticas adversas y de que este año el 28 de enero no es festivo tras la decisión del Ayuntamiento de eliminar el día del patrón del calendario laboral, los conquenses han vuelto a demostrar su fidelidad y devoción a San Julián. Desde primera hora de la mañana, numerosos fieles se han acercado a la Ermita de San Julián para participar en las misas y honrar al santo en el lugar donde solía retirarse a orar.
A lo largo de la jornada se han sucedido los actos religiosos previstos: por la mañana, en la ermita, se celebraron misas a las 11:00, 12:00 y 13:00 horas, con reparto de los tradicionales panecillos de caridad y veneración de una reliquia del santo. Por la tarde, a las 17:30 horas, el Sr. Obispo presidió la Eucaristía estacional en la Catedral de Cuenca. Posteriormente, en la Parroquia de San Julián, se celebró a las 18:00 horas una Eucaristía en honor al patrón, seguida a las 19:00 horas de una procesión y reparto de caridad.
En su homilía, el Obispo recordó el significado profundo de la festividad, citando las lecturas del día y subrayando el mensaje cristiano de generosidad y búsqueda de la felicidad en lo trascendente. En un fragmento de su intervención, destacó: “Necesitamos cultivar la alegría de la gratuidad, de no poner precio a todo, de no actuar movidos solo por el beneficio, de descubrir el rostro de Cristo en los demás; necesitamos ‘gastarnos’ y gastar en la compasión, en la ayuda a los demás”. Asimismo, hizo un llamamiento a no perder la conciencia de los orígenes cristianos de la sociedad, pidiendo que “no se diluya la conciencia de los orígenes de la sociedad a la que pertenecemos, y en cuya historia San Julián representa un hito que explica y ayuda a conocer nuestra identidad”.
San Julián, segundo obispo de la Diócesis de Cuenca, es recordado como “padre de los sencillos, de los humildes, de los pobres”, un pastor que dedicó su vida y recursos a ayudar a los más necesitados, siendo “asiduo en la oración” y ejemplo de caridad para la ciudad.
A pesar de la lluvia, el frío y la normalidad laboral, Cuenca ha vivido una jornada de hermandad y tradición, en la que los conquenses han subido a la ermita, visitado los restos del santo en la Catedral y compartido momentos de convivencia y fe. La celebración ha demostrado que, más allá del carácter oficial de la festividad, la devoción por San Julián permanece viva en el corazón de la ciudad.
¡Viva el Padre de Cuenca! ¡Loor a San Julián!



















