La diócesis de Cuenca participa con entusiasmo y «alza la mirada» junto al Papa León XIV en Madrid

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La delegación de la Diócesis de Cuenca, integrada por más de 800 personas entre jóvenes, familias, sacerdotes, religiosas y representantes de diversas delegaciones, parroquias, grupos apostólicos y fieles en general participó activamente en los actos centrales de la visita de Su Santidad el Papa León XIV a Madrid.
Los peregrinos conquenses iniciaron su participación en la Vigilia de Oración con los jóvenes en la Plaza de Lima, un encuentro donde el Santo Padre instó a las nuevas generaciones a asumir un papel activo en la sociedad frente a la indiferencia.
El domingo 7 de junio constituyó la jornada principal con la celebración de la Eucaristía en la Plaza de la Cibeles. El obispo de Cuenca, Mons. José María Yanguas, se unió al consistorio de obispos concelebrantes que acompañaron al Sucesor de Pedro en el altar central. Por este motivo, el prelado delegó la presidencia de las celebraciones litúrgicas tradicionales de esa misma jornada en la capital conquense.
Eco informativo y cobertura en los medios de comunicación
Diferentes medios de comunicación locales y provinciales han realizado un seguimiento detallado de la presencia de los fieles de la diócesis y del contenido de las alocuciones pontificias. El diario La Tribuna de Cuenca recogió el testimonio de los peregrinos de la provincia, quienes asistieron portando enseñas de la delegación bajo el lema «Alzar la mirada». Por su parte, Las Noticias de Cuenca reseñó la alta concurrencia y la recepción de los mensajes papales por parte de los cientos de jóvenes asistentes. Las crónicas periodísticas recogieron el encuentro oficial entre el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, y el Pontífice, en el cual se abordaron cuestiones de carácter social y de cercanía institucional.
El perfil oficial del Obispado de Cuenca en Facebook funcionó como el canal de comunicación directa para la difusión de las actividades de los peregrinos y de los mensajes de saludo del Santo Padre al pueblo español.
El Obispado de Cuenca expresa su reconocimiento explícito a la labor organizativa de las delegaciones de pastoral, cofradías, movimientos apostólicos y voluntarios que coordinaron el traslado y la logística de la delegación.

León XIV sobrecoge a Madrid en la Misa del Corpus: «Que vuestra religiosidad no sea un museo del pasado»

De Atocha a Nuevos Ministerios, de Castellana a Recoletos, de la Gran Vía a la Puerta de Alcalá. Tras una emocionante Vigilia de Jóvenes como preludio multitudinario de la presencia del Santo Padre en España, nadie ha querido perderse la celebración del Corpus Christi.

Texto: Pablo Mariñoso de Juana 

 

Aunque la programación oficial hablaba de las 10:00hs de la mañana, y las previsiones ya vaticinaban un aluvión de personas desde las 7:00hs, antes de que saliera el sol los ejes centrales de Madrid, con todos sus nombres y apellidos, ya quedaban colapsados. De Atocha a Nuevos Ministerios, de Castellana a Recoletos, de la Gran Vía a la Puerta de Alcalá. Tras una emocionante Vigilia de Jóvenes como preludio multitudinario de la presencia del Santo Padre en España, nadie ha querido perderse la celebración del Corpus Christi.

Con el Palacio de Cibeles como retablo al aire libre, la coreografía se ha orquestado desde primera hora. Cada uno en su sitio y Dios en el de todos. Un ramillete de sacerdotes entraba por la calle Alcalá, con cierto aire de solemnidad, para ocupar la zona central de la plaza madrileña. Junto a la fuente que tantos títulos madridistas ha visto celebrar, la euforia blanca quedaba hoy teñida del negro sacerdotal. Pero no por ello menos euforia. De fondo, y durante casi treinta minutos, los ceremonieros pontificios que acompañan a León XIV se aseguraban del funcionamiento de la megafonía: «Proba, proba, proba. Uno, due, tre».

La marabunta no ha sido tal sólo en Cibeles, claro, sino en toda la capital. Jóvenes y familias, de todas las edades, avanzaban hacia los sectores con banderas, sillas, pancartas y demás atuendos. No hay grupo parroquial sin su gorra propia, ni pastoral universitaria sin una camiseta personalizada. Sobre el escenario, algunos voluntarios terminaban de rematar la decoración floral. Una poda por aquí, un tijeretazo por allá. Son miles de flores las que han coronado el imponente altar instalado frente a la sede municipal, bajo la silueta de un crucificado de estilo románico y un baldaquino de maderas. Madrid, presumida, se ha engalanado para la solemnidad eucarística, y nadie ha querido perderse la venida de León XIV. Era fácil ver, alzando la mirada, a algún ministro y demás políticos, a un nutrido grupo de rectores universitarios, a uno o tal expresidente, y hasta a un famoso entrenador de fútbol. Todos, todos, todos, que diría el Papa Francisco.

Pero en esta totalidad, la jornada ha contado con algunos protagonistas especiales. Entre otros muchos, las miles de familias madrileñas que ocupaban las primeras filas de la Santa Misa. O el sector de accesibilidad, situado en la puerta del Palacio de Linares, donde decenas de voluntarios han posibilitado la presencia de peregrinos con discapacidad. Esteban nos contaba: «Nuestra labor consiste en que disfruten y hacer realidad su ilusión de ver al Papa». O los niños y niñas que este año han hecho su Primera Comunión, y que esperaban disciplinadamente sentaditos antes de acompañar al Papa en el tramo de la procesión. Son los rostros concretos que componen el mapa de esperanza de la venida de León XIV. No en vano ha venido a verlos a ellos.

A eso de las 9:18hs las pantallas han cambiado los vídeos promocionales de la Visita por una imagen que rápidamente ha levantado a los fieles: el Papamóvil ya estaba en marcha. En su camino desde la Nunciatura Apostólica, donde ha descansado León XIV, hasta el altar de Cibeles, el Papa se ha desplazado en su particular cabalgata de aplausos y saludos. Con un Papamóvil abierto por los laterales, no ha dejado esquina sin recorrer ni sonrisa por derramar. Su gesto siempre lo dice todo, y España le ha esculpido una sonrisa permanente.

No ha sido hasta las 9:32hs que el Santo Padre ha irrumpido en la Plaza de Cibeles. Los miles de sacerdotes, rendidos ante la fiebre del madrileñismo, anunciaban su llegada revistiéndose de blanco. Alba blanca y estola blanca para recibir a un León XIV que también aparecía de un blanco inmaculado, sin la muceta roja que portó en su recorrido de ayer. Su paseo, de ida y vuelta, hacia arriba y hacia abajo, se ha prolongado más de tres kilómetros. España entera contenida en un recorrido de ilusiones, y los niños encaramados a las vallas como zaqueos. Cada uno buscando un sicómoro particular.

Tras recibir la llave de la ciudad de Madrid de manos del alcalde, José Luis Martínez Almeida, la comitiva del Papa se ha dirigido a la sacristía improvisada en el Palacio de Cibeles. Tras este acto, el Pontífice estampó su firma en el libro de honor de la ciudad y quiso dejar constancia de un deseo para el futuro de la capital. «Que Madrid siga siendo una ciudad acogedora e integradora, donde la vida en sociedad se inspire en los auténticos valores humanos», escribió León XIV en el libro de visitas. Y a las 10:02hs, tras afinar los instrumentos –la coral y la orquesta ya preparada–, subían la escalinata central los Reyes de España, acompañados de la Princesa Leonor y la infanta Sofía. Todo listo para comenzar la celebración de la Eucaristía, bajo un sol de solemnidad que pedía sombreros y abanicos. Llegaban entonces las primeras cifras de la Policía Nacional: más de 1.200.000 peregrinos congregados para la Santa Misa. «Pueblo de reyes, asamblea santa, pueblo sacerdotal».

Con la solemnidad propia del Corpus Christi, y de las celebraciones pontificias, y si me apuras hasta de la céntrica plaza madrileña, ha sido don José Cobo el encargado de dar la bienvenida al Santo Padre en la monición de entrada: «Le damos la bienvenida con alegría sincera y corazón agradecido. Hoy Cristo vuelve a reunir a su pueblo para alimentarlo con el pan de la vida». Desde entonces, la orquesta y el coro, formados por más de 400 voluntarios –entre ellos niños de las escolanías de El Escorial y de la Abadía de la Santa Cruz–, han puesto los acordes musicales a la Eucaristía.

Aunque todas las expectativas estaban puestas en la procesión del Corpus Christi –no suena mal: el Papa portando el Santísimo frente a la Gran Vía–, los cientos de miles de peregrinos han enmudecido durante la homilía de León XIV, que reconocía, en las primeras palabras de su intervención, tener «el corazón colmado de alegría»: «Aquí en Madrid, pero también en tantos otros lugares de España, el Corpus Christi no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios». Una fidelidad que –todos lo hemos experimentado– en España se vive con especial riqueza: «La elegancia de las alfombras florales, de los altares en las calles, del cuidado de las custodias, de los cantos y los ornamentos». El Santo Padre parecía hacer, de alguna forma, un examen de conciencia en voz alta. Y todo estaba preparado como debía.

Pero la procesión va siempre por dentro.  Así lo ha recordado León XIV: «No se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión, a cambiar la mirada, a acoger su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo». Porque las procesiones están fenomenal, pero son las almas encendidas, las que se dejan transformar, las que procesionan por el mundo con mayor testimonio. «En la fidelidad silenciosa de quien acompaña al Señor con una amistad humilde y discreta que se alimenta día a día», ha rematado el Papa.

Y recordando a San Manuel González, obispo de los sagrarios abandonados, León XIV ha dirigido «una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy». Conocedores de esta escuela son, precisamente, las decenas de seminaristas diocesanos que, al término de la homilía, entraban en el sector de los sacerdotes concelebrantes con grandes cajas de cartón: custodiaban dentro los más de 4000 copones fabricados para esta solemnidad del Corpus Christi. Quien los conoce, lo sabe.

Aunque el calor madrileño ha apretado durante toda la mañana, la ceremonia se ha desarrollado con un inusitado recogimiento, que se ha hecho quizás aún más profundo en el momento de la Comunión. Las voces blancas del inmenso coro entonaban melodías eucarísticas mientras se desplegaba abajo, en el entramado de calles, sectores y accesos, un reparto imposible. El ánimo del millón de peregrinos, volcados con esta espiritualidad viva que crece y se afianza en España, ha hecho que comulgar sea un milagro, un milagro patente, también gracias a los miles de voluntarios y sus paraguas. El Santo Padre contó durante la celebración con estos miles de «monaguillos», casi todos voluntarios adolescentes, desplegados por toda la ciudad.

A las 11:30hs exactas ha comenzado a sonar el «Pange lingua», y la custodia con el Santísimo aparecía sobre el altar. Uno puede imaginar a Santo Tomás de Aquino componiendo en Orvieto, Italia, los compases que esta mañana entonaba la coral, pero uno nunca hubiese imaginado escucharlos precisamente en el Madrid de nuestro tiempo. Arrancaba así la procesión con el Santísimo Sacramento, que ha recorrido la glorieta de Cibeles en dirección Gran Vía. Precedido por los niños de la Diócesis de Madrid que han hecho la Primera Comunión hace apenas unas semanas, al igual que los sacerdotes diocesanos recién ordenados. Toda una suma de novedades escoltando una certeza tan antigua.

En esa tesitura comenzó a sonar «Nada te turbe, nada te espante», haciendo presente a Santa Teresa de Jesús con este precioso canon que todavía resuena, sobre todo, en nuestros corazones. Porque una de las primeras conclusiones compartidas por todos es precisamente esta: el recorrido con el Santísimo ha sido el momento de mayor emoción del día, probablemente del fin de semana y quizás hasta lo sea de todo el Viaje Apostólico. Un aplauso improvisado ha recorrido Madrid ante nuestra falta de palabras. León XIV sujetaba en sus manos la custodia y bajo un palio dorado ha recorrido con el Santísimo la principal arteria del centro de Madrid.

Pasadas las 12:10hs se ha reservado el Santísimo y León XIV, ante la antenta mirada de este amplio millón de peregrinos, se ha despedido con una gran sonrisa. La suya es la nuestra. En la memoria de Madrid queda grabado este 7 de junio como el día en que más de un millón de peregrinos, en la capital de España, experimentaron la cercanía de un pastor universal. La jornada en que el obispo de Roma se hizo, de alguna forma, obispo de Madrid.

El Papa en CEDIA: la puerta estrecha por la que León XIV ha entrado en Madrid

En su saludo, el cardenal José Cobo definió el centro como “un rincón discreto y fecundo” que “tiene algo de Belén” y aseguró que el Papa entraba en Madrid “por una puerta singular: pequeña en apariencia, pero inmensa en misericordia”.

«Abierto 24 horas». Lo dice el cartel que recibe a quien llega a Cedia, el Centro de Información y Acogida de Cáritas Madrid para personas en situación de sin hogar. Sus puertas nunca se cierran. Día y noche, este pequeño rincón de la capital ofrece escucha, acompañamiento y un lugar donde volver a sentirse en casa.

Por esas mismas puertas, que el pasado año acogieron a 2.562 personas, fue recibido este viernes el papa León XIV entre aplausos y gritos de “¡Te queremos, Papa!”. Tras una mañana marcada por los actos institucionales, el Santo Padre encontró en Cedia un ambiente más distendido, donde la cercanía acaparó el protocolo.

Mientras en el patio aguardaban personas acogidas, voluntarios y trabajadores del centro, León XIV recorrió las instalaciones para conocer de cerca la realidad cotidiana de quienes son acompañados por este recurso de Cáritas Madrid. Después se dirigió al encuentro preparado en el patio, donde fue recibido por quienes quisieron devolverle, con la misma calidez con la que ellos han sido acogidos tantas veces, la hospitalidad que define la vida cotidiana de Cedia.

En su saludo, el cardenal José Cobo definió el centro como “un rincón discreto y fecundo” que “tiene algo de Belén” y aseguró que el Papa entraba en Madrid “por una puerta singular: pequeña en apariencia, pero inmensa en misericordia”.

A continuación llegaron los testimonios. Historias que pusieron rostro a tantas otras historias anónimas. Entre ellas, las de Niurka y Khadry, que un día cruzaron aquellas mismas puertas buscando ayuda y que hoy son ellas quienes acompañan a otras personas en situaciones similares. Sus palabras reflejaron uno de los frutos más visibles de la acogida: la capacidad de transformar la experiencia recibida en servicio a los demás.

También tomó la palabra Alicia, que comenzó colaborando como voluntaria en proyectos con personas sin hogar y que, con el paso del tiempo, ha seguido entregando su tiempo en otras realidades de vulnerabilidad. Esta última recordó las palabras dirigidas por Dios a Moisés ante la zarza ardiente: “Descálzate, porque el lugar que pisas es tierra sagrada”.

La música también acompañó el encuentro. La actuación de Niña Pastori puso una nota de emoción a la tarde y dejó unos versos que más tarde serían retomados por el propio Pontífice: “En cada sueño te busqué, y ninguno fue en balde”.

Recogiendo la imagen evocada por Alicia, el Santo Padre recordó también el episodio de Moisés ante el Horeb e invitó a reconocer la presencia de Dios en quienes llaman cada día a nuestras puertas buscando ayuda y compañía.

Mirando a las personas acogidas, a los voluntarios y a los trabajadores reunidos en el patio, agradeció una labor que definió a partir de una imagen que había atravesado toda la visita, definiendo Cedia como “un Belén sencillo y acogedor” que se prepara “día y noche” para acoger a Jesús presente en las personas que se asoman al umbral del centro.

Citando al papa Francisco, recordó que “los que aman de verdad no se limitan a dar algo”, sino que atienden las necesidades materiales y espirituales de las personas, favoreciendo su promoción integral.

Antes de concluir el encuentro, Alba, educadora social del centro, hizo entrega al Santo Padre del Árbol de la Esperanza, una obra realizada por mujeres acompañadas en distintos proyectos de Cáritas. “Para ellas ha sido muy especial saber que este signo era para usted; se han sentido reconocidas”, le explicó

La visita concluyó con el rezo del Padrenuestro, la bendición final y el saludo de León XIV a numerosos asistentes. Una tarde marcada por la escucha, el encuentro y la acogida, en la que el Santo Padre invitó a reconocer la presencia de Cristo en quienes llaman a nuestras puertas y recordó que, cuando una persona abre su vulnerabilidad ante nosotros, estamos entrando en terreno sagrado.

 

León XIV en la Vigilia con los jóvenes: «Sed chispa de una humanidad nueva»

León XIV ya está en Madrid, y no hay madrileño que no se haya dado cuenta de la presencia del pontífice ni acompañante del séquito papal que no haya quedado atónito ante el recibimiento de la capital. A primera hora de la mañana los quioscos de la ciudad vendían la bufanda oficial del Papa, como si el gran evento del día, en las postrimerías de la Plaza de Lima, fuera un derbi, acaso una final de Champions, o como si el Real Madrid recibiese el anuncio de un nuevo entrenador. Máxima expectación junto al Bernabéu.

Texto: Pablo Mariñoso de Juana

León XIV ya está en Madrid, y no hay madrileño que no se haya dado cuenta de la presencia del pontífice ni acompañante del séquito papal que no haya quedado atónito ante el recibimiento de la capital. A primera hora de la mañana los quioscos de la ciudad vendían la bufanda oficial del Papa, como si el gran evento del día, en las postrimerías de la Plaza de Lima, fuera un derbi, acaso una final de Champions, o como si el Real Madrid recibiese el anuncio de un nuevo entrenador. Máxima expectación junto al Bernabéu.

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Foto: Marcos Nogales

Era un grupo de monjas, en un babel de colores, el que inauguraba la jornada, casi de madrugada, rezando el Rosario en una parada de autobús. Madrid contiene su aliento desde primera hora, pero con esa contención multitudinaria: el bullicio de la capital se ha peatonalizado y los niños corrían por la Castellana, mientras otros ondeaban sus banderas desde los balcones. España se ha vestido de gala para la ocasión. Y de fondo, en las calles aledañas a la Plaza de Lima, sonaban cánticos. Uno de estos coros improvisados, con cantoras de avanzada edad, entonaba alegremente aquello de «Juntos como hermanos, miembros de una Iglesia».

Y aunque a partir de las 16:00hs de la tarde se abrían las puertas para acceder a la multitudinaria Vigilia del Santo Padre con los jóvenes, no ha sido hasta las 18:30hs, con una puntualidad inusual, que ha empezado el festival musical con el que España calentaba los motores para recibir a León XIV. En las grandes pantallas distribuidas un vídeo invitaba a los cientos de miles de peregrinos a alzar la mirada. Ha sonado el himno oficial una y otra vez, al ritmo que los obispos y demás autoridades iban ocupando las sillas, y los últimos peregrinos avanzaban por los pasillos. La asistencia ha superado todas las expectativas.

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Foto: Marcos Nogales

Así ha comenzado a pasar por el escenario un ramillete de artistas. Si las primeras canciones en sonar abrían el festival con letras como «Como el Padre me amó, yo os he amado» o «Nadie te ama como yo», al poco tiempo han sonado a todo volumen temas más actuales. Antonio José, Lola Tuduri, Inazio o Mälmo sobre la inmensa tarima instalada frente al estadio Bernabéu. Miles de personas cantaban «Un viernes de enero» o «Matar la pena». Cada uno en su sitio, pero todos cantando sonrientes aguardando la llegada del Santo Padre.

Pasadas las 19:30hs comenzaba el rezo del Santo Rosario tras entonar un himno a la Virgen de la Almudena. La celebración ha dejado espacio a la oración. Alternando cada misterio –los Luminosos– con testimonios variados, el rezo ha creado entre la multitud un espíritu de recogimiento, al tiempo que ha estado guiado por un desacostumbrado hilo artístico: en las pantallas, cinco obras del Museo del Prado ilustraban el rezo mariano: del «Bautismo de Cristo», de El Greco, a «La Última Cena», de Juan de Juanes, pasando por la pintura flamenca de Willem Van Herp. Y terminado el Rosario, ha sido la música de Tuyo la que ha vuelto a sintonizar a la multitud con el ambiente festivo. Una certeza recorría entonces la capital: el Papa estaba cerca.Con los nervios a flor de piel, a las 20:35, al comenzar los compases del himno de la Visita –«Alzo la mirada»–, los cientos de miles de peregrinos congregados han estallado en un estruendo de alegría: León XIV aparecía en las pantallas iniciando su camino hasta el escenario central en el Papamóvil. Sonriente y cercano, afable y generoso. Y en primera fila, delante de la ministra Ana Redondo, delante del alcalde José Luis Martínez Almeida, delante del presidente de la Conferencia Episcopal Española, don Luis Argüello, y hasta delante del Secretario de Estado vaticano monseñor Pietro Parolin, se ha formado una fila de niños que han abarrotado la valla. Tras una carrera imposible, eran ellos los protagonistas del primer encuentro con León XIV.

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Foto: Marcos Nogales

Pero su llegada se ha hecho de rogar. El recorrido con el Papamóvil se ha alargado durante más de diez minutos, precisamente con paradas intencionales del Santo Padre para bendecir a los más pequeños. Era fácil verlo en una de esas pantallas con un bebé en brazos, acaso apretando la mano de una niña. A las 20:46hs se ha bajado, a la derecha del escenario para saludar precisamente a fieles, familias y, de nuevo, niños. Dejad que los niños se acerquen a él, en fin. El hilo musical, obra de una gigante orquesta, ha resonado en las calles de Madrid durante casi veinte minutos ininterrumpidos, hasta que a las 20:48hs León XIV ha subido al escenario.

 «De Madrid al cielo»

El cardenal de la capital, José Cobo, ha hecho gala de un punto de madrileñismo: «De Madrid al cielo» ha sido la bienvenida al Papa. La emoción estaba servida, y don José ha logrado dar en la tecla: «Mirar al cielo, mirar alto, y alzar la mirada. Para reconocer lo que el Espíritu sigue haciendo en su Iglesia. Para escuchar la voz del Señor». Y con una voz algo quebrada por la emoción, ha querido trasladar a León XIV lo que a cualquiera de nosotros nos hubiese gustado decirle: «Santo Padre, gracias por venir a ayudarnos a levantar la mirada. Gracias por confirmarnos en la fe. Esta es su casa». Madrid, España entera y nuestro corazón. El Papa ha sabido hacerse un hueco.

Tras una actuación del musical «Godspell», el silencio ha inundado Madrid, porque León estaba a punto de rugir. En ese rugido manso suyo, el pontífice ha querido improvisar un saludo: «En primer lugar, un saludo a todos vosotros. Gracias por estar aquí, y gracias por compartir la fe con todo Madrid y con todo España». Los aplausos se han hecho aún mayores cuando, en sus primeras palabras, ha tenido un arrebato de pastor, feliz de ver a sus ovejas entusiasmada: «No tengáis miedo, jamás, a una vocación a la vida sacerdotal o a la vida religiosa».

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Foto: Marcos Nogales

León XIV, en las preguntas planteadas por los jóvenes madrileños, ha propuesto tres modelos de santidad: San Juan Crisóstomo, Santo Tomás de Villanueva y Santo Toribio de Mogroviejo. «Escoged modelos de vida buena, que resulten atractivos tanto para vosotros como para los demás». Vivir una vida contagiosa, imitar los modelos valiosos, comprometerse con los grandes ideales. Son las tareas de una generación. Y si monseñor Cobo ha acogido como todos quisiéramos hacerlo, Miriam, joven de la parroquia Santa Teresa de Jesús, de Tres Cantos, ha objetado lo que todos queríamos objetar: «Santo Padre, las dudas y el miedo nos impiden preguntarnos qué quiere Dios de nosotros. ¿Qué considera que nos ayudaría a reconocer la voz de Dios entre otras muchas voces?».

León XIV ha propuesto un tríptico de vida cristiana, todo un programa de vida para los jóvenes. Primero, el Santo Padre ha pedido a todos los jóvenes escuchar a Dios a través del silencio: «En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece». Y aunque «algunas voces engañan nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, y otras hablan por interés», todos los fieles cristianos tenemos una tarea, que el Papa ha proclamado con fuerza: «¡Buscar siempre la verdad!». En segundo lugar, el Papa ha recordado que Dios nos escucha a través de nuestra oración: «Nuestro discurso interior se convierte en oración, alabanza y súplica. No tengáis miedo de expresar lo que sentís en el corazón». Y, por último, la misión de seguir a Cristo vivo a través de la Adoración Eucarística: «La Adoración Eucarística es precisamente el lugar adecuado para liberar el corazón».

Entremezclado con los aplausos y la euforia de la Plaza de Lima, el Santo Padre ha querido dar un último consejo: «Nadie está sólo creyendo en Jesús. Mirad cuántos estáis aquí. En comunidad, en los grupos de jóvenes, en la familia, podemos todos aprender lo que es la belleza de nuestra fe. ¡Compartid vuestro camino espiritual!». Un anhelo que es una certeza: «Si ardeis en la fe, transmitireis su fuego vivo. Buscad todos en vuestros corazones este amor de Dios».

Con la potencia de su convicción, León XIV ha recordado: «No tengáis miedo del matrimonio, no tengáis miedo de formar una familia». Y sobre el mismo escenario en el que se ha representado una escena del musical de Antonio Banderas, el Santo Padre ha citado la Carta a Diogneto. En nuestra cabeza ese pensamiento agustiniano: siempre antiguo y siempre nuevo. Una dualidad fecunda que de la que ha querido aclarar: «Los discípulos de Jesús son siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa. ¡Somos libres en Cristo!».

Antes de dar paso al momento final, de Adoración al Santísimo, el Papa ha lanzado su petición a los peregrinos españoles: «Que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos! Hombres y mujeres de carne y hueso». En la era de la inteligencia artificial –no en vano apenas han pasado unos días desde la publicación de su Encíclica «Magnifica Humanitas»–, León XIV ha invitado a echar la mirada hacia atrás: «Mirad a los primeros cristianos» para «responder a las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo». Y un último aliento: «Vosotros podéis cambiar la historia. Hacedlo con el amor».

Tras firmar la cruz que acompañará a la juventud española, a las 21:44hs el Santo Padre ha entrado de nuevo al escenario revestido, con la mitra y el báculo. Sonaba con toda la potencia de la orquesta el himno «Ubi caritas». Los obispos españoles, que han acompañado masivamente a León XIV en su primer acto multitudinario, marcaban la entrada del Santísimo al quitarse su solideo. Entonces los peregrinos se arrodillaron delante del Santísimo. Los acordes de «Majestad, adoro a su Majestad» han inundado Madrid. Y tras la música, silencio. Un silencio sepulcral.

4. Vigilia Jj Guillen (efe)

Foto: J.J. Guillén (EFE)

En ese ambiente de recogimiento, ha resonado con fuerza el Evangelio de Juan: en medio de la multitud madrileña, acaso tan parecida a la multitud de Tiberíades, y en medio de tanta riqueza, acaso tan similar a aquellos cinco panes y dos peces. Nosotros, con el Papa, no hemos podido contener la emoción al escuchar «Tarde te amé», una de las composiciones más célebres de San Agustín. Pero las lágrimas han llegado con «Tú, el único rey». A las 22:10hs de la noche, bajo el cielo estrellado de Madrid, el silencio se hacía una sola voz.

La Vigilia, marcada ya en el calendario de las celebraciones pontificias en España, ha rematado con dos canciones más, que han hilvanado las voces de todos los presentes. El «Tantum ergo» anunciaba, tras un rato de silencio, que venía la bendición con el Santísimo. Y al tiempo que León XIV elevaba la custodia, dorada por el brillo de miles de ilusiones, el sacerdote y cantante Luispo ha cantado el himno eucarístico «Tuyas son». Nuestras eran, desde luego, la emoción pura, una comunión naturalísima y una esperanza irremediable. Los fuegos artificiales, sorprendentes, iban sobre todo por dentro. Porque León XIV ya está en Madrid, y su amor de pastor ha llegado para quedarse.

 

León XIV llama a tejer redes de encuentro entre la fe y la sociedad desde el corazón de Madrid

Acostumbrado a los conciertos multitudinarios de artistas como Rosalía y Aitana, el Movistar Arena vivió este domingo una imagen inédita: el recinto se engalanó para acoger por primera vez a un Papa sobre su escenario.

Texto: Ana Zarzalejos

Fotografías: Marcos Nogales

León XIV ha protagonizado el encuentro Tejer Redes, en el que confluyeron voces procedentes de la cultura, el arte, la universidad, la economía y el deporte; trayectorias distintas, sensibilidades diversas y experiencias aparentemente lejanas que encontraron un punto común en torno a la invitación de construir juntos una cultura del encuentro.

La tarde comenzó mucho antes de la llegada del Santo Padre. Desde la apertura de puertas, miles de personas fueron ocupando sus asientos mientras el recinto se llenaba de conversaciones y expectativas. Sobre el escenario, la música, la danza y los testimonios de representantes de la sociedad civil fueron dibujando el horizonte del encuentro: una sociedad que busca espacios para escucharse a sí misma y para redescubrir los vínculos que la sostiene.

Danza, música y testimonios para esperar al Papa

El preacto arrancó oficialmente con una actuación a cargo del Real Conservatorio Profesional de Danza Mariemma y los periodistas Carlos Franganillo y Lara Siscar fueron los encargados de ejercer como maestros de ceremonias de un evento que requería dotes de director de orquesta para armonizar una gran variedad de voces.

Además se quiso poner rostro a la sociedad civil a través de testimonios procedentes de ámbitos muy diversos. Intervinieron Lucila Rodríguez-Alarcón, directora de la Fundación porCausa, el dramaturgo Pedro Víllora y el seminarista y músico José Ríos, cuyas experiencias dieron paso a una reflexión sobre el compromiso social, la cultura y la vocación personal.

Más adelante tomaron la palabra el bombero Iñaki Burgueño, del parque de San Blas, la enfermera de cuidados paliativos Carmen Molina y Pablo, paciente del Hospital Niño Jesús, quienes compartieron historias marcadas por la entrega, el cuidado y la esperanza. Sus testimonios, acompañados por distintas actuaciones musicales y de danza, fueron configurando un retrato coral de una sociedad que, desde realidades muy distintas, busca construir vínculos y servir al bien común.

¡Llega el Papa!

La emoción creció cuando las pantallas anunciaron la inminente llegada de León XIV quien, por cierto, hizo de camino una parada técnica en Torrespaña para cambiar al papamóvil y poder saludar a muchas personas que esperaban en las calles de ese último tramo del trayecto.

Poco después de las seis de la tarde, el Santo Padre hizo su entrada en el Movistar Arena. A su paso, saludos, aplausos y teléfonos alzados intentaban capturar un momento que muchos aguardaban desde hacía meses.

Ya sobre el escenario, los periodistas Carlos Franganillo y Lara Siscar dieron la bienvenida a los participantes e introdujeron una tarde concebida como un diálogo entre la fe y la sociedad contemporánea.

El arte y la cultura

Partiendo de sus recuerdos infantiles de la Semana Santa malagueña, el actor Antonio Banderas evocó aquellas primeras preguntas que nacieron en él ante la belleza de las procesiones, la devoción popular y la mirada creyente de su madre. «¿Dios?», recordó como la pregunta que comenzó a acompañarle desde niño.

En una intervención cargada de referencias culturales y espirituales, el actor reivindicó el papel del arte como espacio de búsqueda y de interrogación permanente. “El arte no es solo belleza. El arte es pregunta. Es reflexión. Es contraste. Es revolución”, afirmó, defendiendo también la responsabilidad de los creadores para denunciar la injusticia, cuestionar las violencias y ayudar a comprender las complejidades del alma humana.

Banderas también reivindicó el papel de la Iglesia como “la mayor productora de arte” y a “Jesucristo como la figura más representada del mundo”.  Sus palabras encontraron especial eco al referirse a uno de los grandes desafíos contemporáneos: preservar la profundidad humana en una época dominada por la tecnología. «Necesitamos seguir buscando belleza, sí, pero también verdad», señaló, advirtiendo del riesgo de que la inteligencia artificial sustituya aquello que constituye el núcleo más profundo de la experiencia humana.

La educación y la academia

La universidad tomó después la palabra de la mano de José María Coello de Portugal, vicerrector de la Universidad Complutense de Madrid, quien habló en representación de la comunidad educativa y científica madrileña. Su intervención presentó la educación como uno de los instrumentos más eficaces para promover la justicia social, la igualdad de oportunidades y la cohesión entre generaciones.

En un contexto de profundas transformaciones tecnológicas, el rector defendió una universidad capaz de conjugar excelencia académica, inclusión social, respeto a la verdad y compromiso ético. Al dirigirse al Santo Padre, planteó además dos de los grandes desafíos que hoy interpelan al mundo educativo: la contribución de la educación a la construcción de una convivencia pacífica y el liderazgo ético ante la revolución tecnológica impulsada por la inteligencia artificial.

Y, de repente, el arte en estado puro irrumpió sobre los escenarios cuando Sara Baras representó junto a su compañía su última creación, Vuela, un homenaje a Paco de Lucía.

La empresa y la economía

Tras el huracán Baras, el tercer bloque del encuentro estuvo dedicado al mundo del trabajo y de la empresa. En una intervención compartida por Antonio Garamendi, presidente de la CEOE; Unai Sordo, secretario general de Comisiones Obreras; Pepe Álvarez, secretario general de UGT; y Ángela Lopez de Miguel, presidenta de CEPYME, el diálogo social apareció como una herramienta imprescindible para afrontar lo que definieron como un auténtico «cambio de época».

Frente a una visión puramente técnica del progreso, los participantes defendieron un nuevo contrato social que sitúe a la persona en el centro de la transformación digital. La inteligencia artificial, coincidieron, solo será una oportunidad si contribuye a crear sociedades más justas, inclusivas y cohesionadas.

La reflexión giró constantemente en torno a una misma convicción: cuanto mayor sea el desarrollo tecnológico, mayor deberá ser también el esfuerzo por fortalecer los vínculos humanos, la solidaridad y la dignidad del trabajo. Empresa y trabajadores aparecieron así no como intereses enfrentados, sino como protagonistas de una tarea compartida orientada al bien común.

El deporte

La última palabra antes del mensaje del Papa correspondió al deporte. Las campeonas Teresa Perales y Carolina Marín ofrecieron un testimonio lleno de humanidad sobre los valores que nacen del esfuerzo, la resiliencia y la superación.

Lejos de identificar el éxito únicamente con las medallas o los récords, ambas deportistas reivindicaron el deporte como una auténtica escuela de vida. Hablaron de la fragilidad, de las derrotas, de la disciplina silenciosa y del respeto al adversario, presentado no como un enemigo, sino como alguien que ayuda a crecer.

“La verdadera victoria no es ser invencibles, sino aprender a levantarnos”, afirmó Teresa Perales, mientras Carolina Marín recordó que competir significa crecer con el otro y nunca contra el otro.

Todas estas voces fueron preparando el momento central de la tarde: el mensaje de León XIV.

El verdadero arte de tejer redes

En su intervención, el Papa recogió muchas de las inquietudes planteadas a lo largo de la tarde y las articuló en torno a una pregunta de fondo: qué tipo de sociedad estamos construyendo y qué herencia queremos dejar a las generaciones futuras. El Papa advirtió de que una sociedad capaz de producir, innovar y comunicar como nunca antes corre el riesgo de olvidar el sentido último de aquello que crea si no aprende a “custodiar el alma” de su progreso.

Frente a esa amenaza, propuso el diálogo social como un auténtico “arte de tejer redes”, basado en el encuentro, la escucha y el respeto mutuo. Reclamó una universidad comprometida con la verdad, una empresa que reconozca la dignidad de cada trabajador, un arte accesible que despierte la búsqueda de la belleza y un desarrollo tecnológico atento a los más vulnerables. “¿Qué significa ser verdaderamente humano?”, preguntó a los asistentes, antes de invitarles a convertirse en “hilos nuevos para tejer redes nuevas” capaces de renovar la sociedad desde el bien común, la solidaridad y la esperanza.

Tras una ovación de despedida al Santo Padre, la voz de Rozalén acompañó los últimos compases de la jornada. Con Y busqué, la artista manchega ofreció una invitación a la paz y a la esperanza que resonó en el Movistar Arena como un eco de los mensajes escuchados durante toda la tarde.

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