El primer sábado del mes de septiembre, 5 de septiembre, la iglesia de Nuestra Señora de la Luz acogió un hito histórico. Los fieles y hermanos de la hermandad convocados en el templo no solo asistieron a una celebración litúrgica, sino que fueron testigos de un hermanamiento por el que la Hermandad de Cuenca y la de Almonacid de Zorita, en la provincia de Guadalajara, unieron oficialmente su devoción a la Virgen bajo una misma advocación. Y lo hicieron con la emoción contenida de quien sabe que está escribiendo una página nueva en la historia de su fe popular.
El acto central fue una Santa Misa solemne, presidida por el obispo de Cuenca, monseñor José María Yanguas. El templo, ante la notable afluencia de fieles llegados desde ambas tierras, acogió también la firma del documento de hermanamiento. Un papel que, más allá de lo administrativo, viene a formalizar una relación que ya se venía tejiendo en los últimos meses, con encuentros previos y un deseo compartido de crecer juntos en lo espiritual, lo cultural y lo pastoral.
Este hermanamiento no es un hecho aislado. Supone un refuerzo de los lazos entre dos diócesis vecinas, la de Cuenca y la de Sigüenza-Guadalajara, que encuentran en la piedad mariana un terreno fértil para el entendimiento y la colaboración. Y, para los hermanos conquenses, supone además un espaldarazo a su trayectoria, al tiempo que abre la puerta a futuros proyectos conjuntos, desde peregrinaciones hasta obras de caridad que ya se están empezando a esbozar.
La jornada concluyó con un vino español en los soportales de la plaza, donde los asistentes compartieron impresiones, anécdotas y la certeza de que, bajo el manto de la Virgen de la Luz, las fronteras diocesanas se vuelven difusas y el corazón de los creyentes late al unísono.











