Con motivo del Día Mundial de la Malaria, Cáritas Diocesana de Cuenca se suma a esta jornada internacional para visibilizar una enfermedad prevenible que continúa siendo una grave amenaza para millones de personas, especialmente en el continente africano y entre las poblaciones más empobrecidas.
Según el último Informe Mundial sobre la Malaria de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2023 se registraron 263 millones de casos y alrededor de 597.000 muertes en todo el mundo, lo que supone un aumento de 11 millones de casos respecto al año anterior. El 95 % de las muertes se concentran en África, y la malaria sigue afectando de forma desproporcionada a niños y niñas menores de cinco años y mujeres embarazadas, así como a comunidades rurales aisladas y pueblos especialmente vulnerables.
En este contexto, Cáritas Diocesana de Cuenca alza la voz para recordar que nadie debería morir por una enfermedad que se puede prevenir y para poner el foco en el trabajo que, desde hace años, se viene desarrollando junto a Cáritas Diocesana de Kinkala, en la República del Congo (Congo-Brazzaville), concretamente en los departamentos del Pool y Djoué-Léfini, una de las zonas más empobrecidas del país.
En la República del Congo, donde el 97 % de la población vive en zonas de alta transmisión de malaria, la enfermedad sigue siendo uno de los principales problemas de salud pública. En regiones como el departamento del Pool, la malaria es la principal causa de mortalidad, llegando a provocar el 44 % de las muertes registradas, en gran medida por la falta de acceso a medidas básicas de prevención. Tal y como señalan desde Cáritas Kinkala, «en muchas comunidades rurales y de pueblos autóctonos, las mosquiteras no llegan y la malaria forma parte de la vida cotidiana». Para estas familias, «la mosquitera es tan necesaria como una prenda de vestir».
La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz frente a la malaria. Dormir bajo mosquiteras tratadas con insecticida puede reducir las picaduras de mosquitos en más de un 80 % y disminuir la mortalidad hasta en un 30 %, según la OMS. Sin embargo, el Estado no logra garantizar la llegada de estos recursos a las zonas más alejadas y rurales, donde viven pueblos autóctonos como los pigmeos, uno de los colectivos más vulnerables y olvidados.
Ante esta realidad, Cáritas Cuenca, en colaboración con Cáritas Kinkala, impulsa proyectos de ayuda humanitaria centrados en la lucha contra la malaria, que incluyen el reparto de mosquiteras tratadas, kits de higiene básica y acciones de sensibilización comunitaria, priorizando hogares con menores y mujeres embarazadas. El objetivo es reducir el número de contagios y muertes, fortalecer la prevención y proteger el derecho a la salud de estas comunidades.
Este trabajo es posible gracias al apoyo continuado de la Diputación Provincial de Cuenca, a la que Cáritas Cuenca quiere expresar públicamente su agradecimiento por seguir apostando por la cooperación internacional y los proyectos de ayuda humanitaria.
En este Día Mundial de la Malaria, Cáritas Cuenca renueva su compromiso con la defensa del derecho a la salud y recuerda las palabras que el papa Francisco subrayó durante su pontificado: «la salud no es un lujo, es un derecho humano fundamental, especialmente para los más pobres y excluidos», un llamamiento a seguir trabajando desde la cooperación y la solidaridad para que ninguna persona quede atrás por una enfermedad prevenible. Cáritas Cuenca continúa trabajando para que la esperanza llegue también a los rincones más invisibles del mundo.





