El mensaje semanal del Obispo de Cuenca. 15 de Junio de 2018

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La última Exhortación Apostólica del Papa Francisco, que lleva fecha de 19 de marzo de 2018, tiene por título: Gaudete et exsultate, en español  Alegraos y regocijaos ycomo subtítulo: Sobre la llamada a la santidad en el mundo actual, palabras que resumen el contenido fundamental del documento. A lo largo de las próximas semanas trataré de resumirlo y comentarlo, de manera que todos los fieles y cuantos estén interesados puedan tener un conocimiento suficiente del mismo, bien asentado que cuanto digamos en estas Cartas semanales tiene el claro propósito de servir tan sólo como invitación a la lectura directa del texto.

El Papa Francisco precisa desde su inicio la finalidad del documento. Se equivocará quien busque en sus páginas una especie de tratado sobre la santidad, un estudio completo y exhaustivo del tema desde todos los puntos de vista bajo los que puede ser abordado: escriturístico, teológico, espiritual, ascético, religiones comparadas… Se verá también defraudado quien espere encontrar un tratado repleto de definiciones y distinciones, notas eruditas, excursus complementarios o análisis de los medios de santificación. “Mi humilde objetivo, dice el Papa, es hacer resonar una vez más la llamada a la santidad, procurando encarnarla en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades.  Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió ‘para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor’ (Ef1, 4)”. El interés del Papa es, pues, de carácter pastoral y tiene una fuerte connotación existencial: es fruto de la preocupación del Pontífice por cada uno de los fieles, a quienes quiere poner ante la llamada que el Señor dirige a cada uno y ante las exigencias que se contienen en ella y derivan de la misma. De ahí que las últimas palabras de la Exhortación suenen así: “Espero que estas páginas sean útiles para que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de santidad. Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento” (n. 177).

La Exhortación se extiende a lo largo de 177 números y está dividida en cinco capítulos. El título de cada uno de ellos nos permite conocer los argumentos principales que el Papa aborda en su escrito. El primer capítulo: La Llamada a la santidad(nn. 3-34) pone de relieve la idea de que la santidad es meta universalque todosestamos llamados a alcanzar. A continuación, en el segundo capítulo, se hace una presentación de: Dos sutiles enemigos de la santidad(nn. 35-62), de los que uno es el gnosticismoque pretende encerrar el misterio en los estrechos límites de la propia razón, y otro el pelagianismoactual que ve en la santidad el fruto de la propia voluntad o empeño. El camino para alcanzar la santidad viene descrito en el tercer capítulo: A la luz del Maestro(nn. 63-109), centrado en la consideración de las Bienaventuranzas. Como ya hemos dicho, Francisco ha querido hablarnos de la santidad “en el contexto actual”. De ahí que en el capítulo cuarto, con el título: Algunas notas de la santidad en el mundo actual  (nn. 110-158), destaque el Papa algunas de las características que debe tener la santidad en nuestro tiempo en razón de “algunos riesgos y límites de la cultura de hoy” (n. 111). El quinto y último capítulo de la Exhortación: Combate, vigilancia y discernimiento(nn. 159- 177), destaca tres actitudes fundamentales para toda existencia que quiera decirse verdaderamente cristiana. Las tres tienen una evidente resonancia bíblica (cf. Job7, 1: “¿No es acaso milicia la vida del hombre sobre la tierra?”; Lc12, 39: “Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría…”; 1Tes5, 21: “Examinadlo todo quedaos con lo bueno”; sobre ellas, particularmente sobre el discernimiento, viene insistiendo el Papa en sus escritos.