El clero diocesano celebra la fiesta de su patrón, San Juan de Ávila

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¡Qué alegría, ver a los hermanos unidos! Con esta frase abría la homilía de Mons. José María Yanguas Sanz en la fiesta del patrón del clero español, san Juan de Ávila. Una eucaristía en la que concelebraron más de un centenar de sacerdotes de la Diócesis de Cuenca y que tenía lugar en la Catedral de Cuenca, con motivo del Año Santo de San Julián. Cerca del obispo se situaban los sacerdotes que celebraban sus bodas de plata y oro. 

Previamente a esta solemne eucaristía, los participantes se reunían en el Seminario Diocesano donde se llevaba a cabo la parte formativa de esta jornada. En esta ocasión vendría dada por José Gabriel Vera, responsabe de los medios de comunicación en la Conferencia Episcopal y que venía a disertar sobre "la homilía", parte de la celebración de la Santa Misa que se está trabajando en los arciprestazgos en este curso. Con un lenguaje claro y preciso invitaba a los participantes a trabajarla, meditarla y orarla, con el fin de hacerla asequible al pueblo que cada presbítero tiene enfrente en el momento de pronunciarla. Esta parte formativa terminó con el homenaje a los sacerdotes que conmemoraban sus veinticinco y cincuenta años de servicio a la Iglesia, momento en el que tomaron la palabra y dieron gracias a Dios por el don del sacerdocio haciendo un resumen de lo que ha significado su entrega a tantas parcelas de de la Diócesis.

La eucaristía fue el acto central de este día. En ella, junto al nutrido grupo de sacerdotes, participaron los seminaristas y familiares de los sacerdote homenajeados. El obispo animó a todos a no ahorrar fuerzas en una entrega que, siendo exigente, no deja por ello de ser gratificante. Continuar el trabajo del Buen Pastor implica renuncia y sacrificio, pero también es hacer presente a Cristo en medio de su pueblo.

La jornada terminó con una comida de hermandad en el Seminario Diocesano en un clima de fraternidad y alegría por el día compartido.