El Pan de la Palabra. VI Domingo del Tiempo Ordinario

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Este domingo el evangelio de Marcos nos muestra su maestría a la hora de contar la historia de Jesús. Después de la jornada en Cafarnaún, nos presenta inmediatamente esta escena. Sin saber dónde ni cuándo, vemos aparecer a un leproso que se acerca hasta Jesús. En lugar de gritar para avisar a éste y a los que lo acompañan por su cercanía, este leproso tiene la osadía de traspasar fronteras y acercarse a Jesús. Se acerca y le suplica con los labios y con el gesto de ponerse de rodillas ante él: “si quieres, puedes limpiarme”. Ha sido capaz de dar el paso de salir de su aislamiento. Ciertamente, es terrible la legislación del Levítico sobre los leprosos. Lo hemos escuchado en la primera lectura: «andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: "¡Impuro, impuro!" Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento». Es un hombre, creado por Dios a su imagen y semejanza, hecho para la relación con Dios y con los otros, declarado impuro, maldito de Dios y condenado a vivir en soledad, alejado de aquellos de los que necesita.

      Este hombre con tanto sufrimiento físico, psíquico y espiritual sobre sus espaldas tiene la osadía de acercarse a Jesús que anuncia con sus palabras y con sus gestos que Dios viene a reinar, que Dios tiene un proyecto en el que todos caben, también los leprosos. Por eso, Jesús no le manda alejarse, ni toma precauciones de ningún tipo. Jesús anuncia a un Dios que no tiene miedo a tocar nuestra carne herida. San Mateo así lo comprenderá y lo dirá con palabras del profeta Isaías: “Cristo llevó nuestras enfermedades y cargó con nuestros sufrimientos”. Ante este gesto de este hombre con la dignidad pisoteada, Jesús reacciona de un modo inesperado y escandaloso. Como dice Enzo Bianchi en su comentario, algunos manuscritos griegos de Marcos recogen una versión alternativa de la reacción de Jesús. Nosotros escuchamos en la versión litúrgica que Jesús se compadeció. Pero algunos manuscritos dicen que Jesús se encolerizó, se indignó. El Jesús de Marcos es un Jesús muy humano, con reacciones muy humanas que a algunos pueden molestar o extrañar. Pero ¿a quién no le indigna y le hace encolerizar contemplar cómo un ser humano es pisoteado en su dignidad? Jesús se indigna y/o se compadece. Pero su reacción no se queda en ello. Jesús da un paso más y extiende la mano y lo toca. De este modo lo rescata de su aislamiento y de su soledad, le tiende una mano fraterna y le ayuda con un gesto tan sencillo como inesperado. Este hombre ya no está solo. Ahora se siente acogido y tocado, y así queda restablecido.

      El leproso no podrá callar lo que le ha acontecido gracias a la mano tendida de Jesús. Sanado, con su carne limpia, con su dignidad recuperada, puede ir donde viven los hombres y mujeres y contarles lo que Jesús ha hecho con él. Pero, paradójicamente, Jesús va a ser considerado un impuro, porque ha tocado al leproso. Marcos nos lo cuenta con su sencillez y genialidad: “Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, se quedaba fuera, en descampado”. Ahora el leproso es Jesús. Hace realidad las profecías de Isaías: “Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres… Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado” (Is 53,2-5). Jesús no puede entrar abiertamente en ningún pueblo, se tiene que quedar fuera, en descampado.

      Hoy nuestra Iglesia en España celebra la Campaña de la Lucha contra el hambre de Manos Unidas. Es increíble, al mirar con perspectiva, lo que aquel primer grupo de mujeres de Acción Católica pusieron en marcha hace ya 59 años. Ellas también fueron osadas y se atrevieron a “declarar la guerra al hambre”. Ante la hambruna que se extendía por muchos rincones del mundo, ellas, como Jesús, se indignaron, se encolerizaron, se compadecieron, pero no se quedaron en eso. Tuvieron un gesto aparentemente pequeño. Jesús tocó la carne enferma del leproso y estas mujeres hicieron una colecta que recaudó 500.000 pesetas. Con ese dinero no había mucho que hacer. Pero ese primer gesto valiente y osado puso en marcha una institución que lleva 59 años sensibilizándonos, despertándonos de nuestra comodidad, para que seamos capaces de ver a tantos millones de personas que pasan hambre en nuestro mundo, mientras se tiran millones de toneladas de alimento a la basura. Una institución que con los 39.829.082,26 € recaudados ha financiado 604 proyectos educativos, agrícolas, sanitarios, sociales y de promoción de la mujer durante el 2016 y ha beneficiado a 2.043.713 personas en situación de necesidad y vulnerabilidad.  

      Las cifras que nos ofrecen este año son escalofriantes:

·      815 millones de personas padecen hambre en el mundo, 11% más que el año pasado;

·      122 millones son niños menores de 5 años;

·      el 22,7% de la población del África subsahariana sufre hambre;

·      1 de cada 4 niños padece retraso en el crecimiento;

·      el 45% de las muertes de niños menores de 5 años es por desnutrición.

      ¿Y nosotros? ¿Cómo reaccionamos ante el escándalo del hambre en el mundo, la muerte de tantos niños y adultos por causa del hambre? ¿Te quedas como si nada? ¿No te indignas ante este drama? ¿No te compadeces? ¿No te atreves a ser más generoso, a compartir lo que importa, como dice el lema de esta campaña, a compartir tus bienes, a cambiar tu estilo de vida y ser más consciente de la realidad de tantos millones de niños, hombres y mujeres hambrientos?

 

      Que la Eucaristía que celebramos, mesa compartida que Dios prepara para todos, sea una auténtica escuela en la que aprendamos a compartir lo que tenemos con nuestros hermanos que pasan hambre. Que en nosotros crezca el hambre y sed de la justicia que no pueden sentir tantos millones de hermanos nuestros que pasan hambre a lo largo y ancho del mundo.