El mensaje semanal del Obispo de Cuenca. 10 de Noviembre de 2017

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Como decíamos hace unas semanas, el Papa en la encíclica Laudato si’ propone un modelo distinto de aquello que él llama paradigma tecnocrático, según el cual el hombre sería señor absoluto del mundo y estaría dotado de un poder sin límite alguno; un paradigma que concibe la economía sólo en función del rédito, sin prestar la debida atención a otros factores que se revelan decisivos para la buena marcha del mundo y de la sociedad. Frente a este modelo, Francisco propone una ecología integral que sí tiene en cuenta dichos factores, y toma en consideración los resultados obtenidos hasta ahora en todas las áreas del saber, incluidas la filosofía y la ética social (cfr. ibídem, 110). El Papa parte de un principio fundamental, según el cual: en este mundo todo está en relación, todo está conectado. Se podría decir que toda la realidad forma un inmenso sistema, que alberga dentro de sí infinidad de otros sistemas menores. De ahí que la solución a los grandes problemas a los que nos enfrentamos requiere una visión global de la realidad, que no olvida que existe una estrecha relación entre naturaleza y sociedad. Esto hace que las crisis ambientales y sociales se condicionen mutuamente; de ahí que “la salud de las instituciones de una sociedad tiene consecuencias  en el ambiente y en la calidad de la vida humana” (ibídem, 142).

La ecología integral de que habla el Papa incluye una ecología cultural, con la clara conciencia de que las distintas culturas son una riqueza, lo cual lleva a rechazar cualquier los sistemas hegemónicos y exclusivos de vida ligados a un modo particular de producción (cfr. ibídem, 145), así como a desconfiar de la solución de problemas basada en “normativas uniformes” o “intervenciones técnicas” que no consideran suficientemente la complejidad de los problemas locales.

La ecología propugnada por Francisco en la búsqueda de una mayor calidad de vida tiene bien presente el espacio en el que trascurren las vidas humanas: ciudades, , barrios, viviendas..., de manera que se mitigue la sensación de desarraigo, verdadero caldo de cultivo para las conductas antisociales y la violencia (cfr. ibídem, 149). El diseño de ciudades, barrios, edificios, espacios públicos, requieren el aporte de distintas disciplinas que favorezcan la calidad de vida, la adaptación al ambiente, el encuentro y la ayuda mutua (cfr. ibídem, 142). Es lo que el Papa llama la ecología de la vida cotidiana, parte importante de la ecología integral (cfr. ibídem, 147-155).

En este punto el Papa alza su voz para  promover una ecología humana que recuerde que el hombre es también naturaleza que no se puede manipular caprichosamente. “Por lo tanto, no es sana una actitud que pretenda, dice, <cancelar  la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma>”.

En el discurso de Francisco en favor de una ecología  integral no podía faltar la referencia al principio del bien común, el bien que afecta y beneficia a todos por encima de los interese individuales, de grupo o nación (cfr. ibídem, 156). El bien común exige el respeto de los derechos básicos e inalienables de la persona, el bien de los grupos intermedios, particularmente de la familia. Requiere además la paz social, la seguridad y el orden y una correcta justicia distributiva, “cuya violación siempre genera violencia” (ibídem, 157), junto con la promoción de la solidaridad entre hombres y pueblos y la opción preferencial por los más pobres.

La economía integral pide que sea tenido en cuenta el bien de las generaciones futuras, ya que los bienes de la tierra pertenecen a todos, también a los hombres y mujeres que vendrán. Por eso, el Papa hace una llamada en favor de un género de vida más sobrio que frene la orientación consumística y hedonista de la economía, preserve el ambiente y posibilite un estilo de vida sostenible.

 

En resumen, lo que Francisco pone de relieve es, entre otras cosas, que resulta imprescindible tomar conciencia de que el deterioro ecológico es fruto, en buena medida, del deterioro ético y cultural. Cada vez se hacen más visibles los lazos que los unen.